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SIMPLEZA

El superficial se suele cree muchas veces una persona simple, porque cree que pensar le complica la existencia, por eso no se complica pensando, pone toda la carne en los hechos. En su particular simpleza ve al reflexivo como complicado.

PRAGMATISMO

Según entiendo y observo:

Muchas cosas positivas trajo el liberalismo al mundo, pero el “mundo” y la “humanidad” son dos cosas distintas. Sus contradicciones y la asimilación de palabras distintas, -producto de su filosofía superficial e interesada- trajo males que son muy profundos para la humanidad,.
Una de los males generados por el liberalismo es su pragmatismo. No voy a omitir que Carlos Marx tuvo que ver mucho con esto.
En el pragmatismo no hay principios preestablecidos, o mejor dicho, los hay, pero siempre están dispuestos a cambiarlos porque solo se atiene al futuro, a lo que le conviene ahora y lo que le convendrá después, según convenga en cada momento. Se ve como opuesto al pragmatismo aquello que se ajusta a lo tradicional, a preconceptos, que se los ve como muy rígidos.
Pragmático no es lo mismo que práctico, auque pareciera ser la misma cosa, tener capacidad práctica ayuda a “ablandar” la rigidez que de hecho tiene los principios teóricos. Lo práctico, cuando esta correctamente aplicado no anula los principios permanentes, les da oxígeno.

No es que haya que sujetarse a principios que por el desarrollo natural humano resultarían anacrónicos,  estar abierto al cambio es muy bueno y saludable, pero no un cambio acomodaticio.  El pragmático no se compromete con nada que no sea de momento. Por eso hoy puede decir blanco y mañana negro, eso no es otra cosa que incoherencia y falta de madurez, aunque lo quieran disfrazar de lo que quieran.
El pragmático por su misma docilidad al “cambio” (al cambio superficial) es un individuo sin palabra, porque mantener la palabra es un principio permanente, antiguo,  y él es una persona “moderna”

SUPERFICIALIDAD

No dejo de tener en cuenta cada vez que hablo del “hombre” y los ubico en distintas categorías, como en éste post en el que voy a escribir sobre los “superficiales” que debo dar la impresión que lo hago desde una perspectiva de superioridad. Invito a plantear a quien así piensa si no puede haber otra posibilidad.

Según entiendo y observo:
La característica del superficial es precisamente éste: no considerar todas las posibilidades posibles por quedarse cómodamente instalado y apegado a lo que piensa. Principalmente para no tomarse el trabajo de cambiar de posición. 
El sentimiento de superioridad es un defecto en el que podemos caer con mucha facilidad, y comúnmente quien se cree superior es arrogante.
Comúnmente el superficial evita hablar de una manera que pueda favorecer un juicio negativo sobre el. Pero, la verdad de lo que somos, no es lo que piensan de nosotros –aunque hay que prestar atención a las observaciones- sino lo que realmente somos.

Para juzgar algo tan ajenjo a nosotros mismos como son “los demás” y a su vez tan próximos por ser de nuestra propia naturaleza, (donde compartimos en distinta medida y manera sus mismas deficiencias y cualidades) no podríamos hacerlo objetivamente sin el doble juego de verlo desde una perspectiva diferente, superior, alejado (porque no se es buen juez cuando se es parte) y también desde el llano, es decir desde el mismo lugar y altura.
Si juzgamos solo como parte, nuestro juicio dejaría de ser objetivo porque tendríamos una complacencia que no es conveniente para un análisis de rigor. Si lo vemos solo desde una perspectiva superior, esa perspectiva nos lleva casi indeciblemente a creernos superiores porque no nos vemos reflejados en ellos. En éste caso el análisis de rigor se convierte en un análisis riguroso, y el juez en arrogante.

Todos los hombres superamos en algo a otros, así como somos superados también en otros aspectos. Incluso hay hombres que aventajan a otros en muchos aspectos. Pero ser y sentirse son dos cosas distintas. Y sentirse superior a otros por aventajarlos en algo me parece sencillamente una idiotez. Aunque esto me confunde un poco porque veo dos realidades que se superponen: por un lado veo que idiotas es lo que menos hay en el mundo y por otro, lo que más abunda parece ser la vanidad.

Superficial es aquel que no tiene profundidad de pensamiento. Si yo hablo de hombres superficiales trasmito que yo no me considero superficial, pero trasmitir una sensación tampoco significa necesariamente, o absolutamente serlo en la realidad.

Todos los hombres desde un punto de vista somos superficiales, porque no podemos conocer en profundidad la realidad completa, por la limitación de nuestra materialidad, no podemos pasar muchas veces de lo que ven nuestros ojos, la parte material y de afuera de las cosas, donde se nos está vedada la propia realidad interior y la de los demás, conociendo acaso más por intuición que por razón.
Aún en el caso que se pueda tener una mayor profundidad de pensamiento gracias a un ejercido de años, siempre debemos esa misma profundidad a otras personas, a haberlos escuchado o leído, nadie se hace solo. Y siempre podemos ser un tanto superficiales en comparación al pensamiento profundo de otros, ya que la profundidad es infinita.

Ahora bien, la característica del hombre superficial al que me refiero es aquel que evita pensar porque se conforma con los grandes postulados,
las ideas generales, que pueden ser buenas como enunciados pero que al no conocer los detalles, -las distintas posibilidades- se equivoca.
Es como el que hace critica de un libro conociendo solo los títulos principales, desconociendo el contenido.

El hombre superficial se queja así:
¿Es posible que la humanidad no se pueda poner de acuerdo en algunos puntos básicos, para unirse, dejando libertad fuera de esto para que cada uno piense lo que quiera?

No llega a percibir el hombre superficial que el problema está precisamente en esto, que en los puntos básicos, en las grandes ideas todos estamos de acuerdo. ¿Quien se atreve a hablar mal del amor, de la paz, de la libertad, de la felicidad, del humanismo, de los derechos humanos, de la solidaridad, del bien, de la democracia…?  Nadie que yo sepa.  Pero al estar estos conceptos tan poco precisados, tan diluidos, tan amplios, tan liberales, se encuentran pésimamente conceptuados e instalados en el amplio campo del libertinaje donde cada uno piensa lo que quiere en lugar de pensar lo que es, sobre fundamentos ciertos.
Así es imposible lograr que se den en la realidad lo que superficialmente pensamos y soñamos.

PRINCIPIOS

Hay un viejo cuanto que dice así:

Había una vez un viejo comunista sometiendo a una sencilla prueba a tres aspirantes, le pregunta al primero: Si tuvieras un campo con 50 vacas ¿que harías? Y el aspirante respondió: Le daría el campo y las cincuenta vacas al partido para que lo administre para el bien del proletariado.
El viejo comunista le repite la pregunta al segundo aspirante. Si tuvieras un campo con 50 vacas ¿que harías? el segundo aspirante respondió: Le daría las cincuenta vacas al parido para que alimente a los más necesitados y el campo al proletariado para que lo trabaje. Mira al tercero y le pregunta: ¿que harías vos si tuvieras un campo con 50 vacas? Y el aspirante no respondía. Le vuelve a preguntar…y nada. A la tercera vez que le pregunta (con una cara de angustia que lo delataba) responde tímidamente: es que tengo un campo con 50 vacas.

Se ve que hablar en teoría siempre es más fácil que ante la realidad concreta.

IDEALES

Es obvio que tener principios éticos es mejor que no tenerlos, pero cae de maduro que sostener esos principios ante los hechos concretos es mejor que cuando permanecen en el ámbito de la teoría. Ahora bien, sostenerlos en el tiempo, y en toda una vida es la cosa mas difícil del mundo.

Quien no toma el pragmatismo como principio “ético” sabe que deberá luchar toda la vida para sostener su ideal.y prepararse mediante un ejercicio que lo fortalezca para tener fuerza para los días o tiempos de pruebas. Tomar como principio ético el pragmatismo es casi tan fácil como no tener principios, porque los podemos cambiar cuando las circunstancias no nos favorecen.

Normalmente, los ideales (no pragmáticos) se sueñan en la adolescencia y se intentan llevarlos adelante con entusismo en la juventud, para después mantenerlos toda la vida. Quien en su vida no se compromete con un ideal en la juventud difícilmente lo haga en la madurez bilogía. Si lo hace, no suelen tener la misma fuerza, lo dice el refrán: caballo viejo no agarra trote. Aunque, como no somos caballos, podemos contar con un ascendente extra que nos permitiría alcanzar el mismo nivel “de trote”.

Quien no quiera luchar y exigirse que busque ser pragmático. Pero no espere de el mismo nada que lo pueda enaltecer.

La palabra “ideales” parece ser el plural de “ideal” sin embargo una y otra palabra tienen connotaciones diferentes. La palabra “ideal” nos habla de un estado de perfección, de algo que es inmejorable. Que puede ser real o imaginado. Frecuentemente se da que es más imaginado que real porque las realidades humanas suelen ser imperfectas, aunque cuando son fabricadas por el hombre, si son nuevas, pueden ser “ideales”.
Pero los “ideales” es algo diferente, nos habla de un estado de perfección que solo está en la imaginación y planteado a futuro. Un punto establecido en el horizonte de la vida, punto al que se aspira llegar. Este punto es el que da sustento, solidez y solvencia a los principios, y determina la veracidad del mismo.
En el pragmatismo no hay principios, porque no tiene un punto al cual aspirar más que la conveniencia de momento.

Lo opuesto al pragmatismo no es la rigidez sino la practicidad, tener capacidad práctica ayuda a “ablandar”  la rigidez que de hecho tiene los principios teóricos. Lo práctico, cuando esta correctamente aplicado no anula los principios permanentes, sino todo lo contrario, les da oxigeno.

Síntesis:

En la vida todos es teoría y práctica, La teoría sin una práctica adecuada forma seres rígidos y duros. La práctica sin las teorías firmes y solidas (pragmatismo) hacen seres blandos y sin consistencia. La teoría es la parte científica de la vida y la práctica la parte vivencial de la teorías, las dos juntas y armonizadas forman el exquisito encanto del arte de vivir.

GENERALIZACION

Según entiendo y observo:

Una característica común del hombre superficial es la de creer que lo que él no ve y no siente no lo puede ver ni sentir nadie.
Una característica común del escéptico que lo que el no cree, no existe. Y del soberbio, que donde el fracasa, fracasan todos.

IDENTIDAD

Cuando un artista realiza un retrato crea una imagen material. No siempre consigue que la imagen creada se parezca al retratado, mucho menos que sea igual. La imagen, por muy fiel a la realidad que sea, nunca será la realidad misma, siempre será una aproximación.
Cuando se defiende la idea de que existe una verdad absoluta se hace referencia a la existencia de una realidad, una realidad absoluta. Si vemos bien, toda realidades es absoluta, o no seria realidad. No se puede existir a medias.

La dificultad en todo caso, esta en la dificultad o imposibilidad de retratarla materialmente, puesto que para esto se necesita que la realidad
sea material. Nadie puede negar la existencia de infinidad de realidades que no entran en la limitada materialidad visual. Los ojos y su función de ver la realidad material es una parte minima, extremadamente minima como para basar una filosofía de vida.
Creer solo en lo que pueden perciben los ojos es una absoluta limitación, porque no aprecia la infinita realidad que lo supera.

Si hiciera un retrato no material del hombre de hoy (obviamente habando en términos generales, mayoritarios) diría que es un ser que deambula por la vida con una herida muy profunda en su consciencia, una angustia existencial impórtate que solo puede mitigar apenas con la evasión. Es un hombre con un gran vacío interior que aflora cada vez que deja de estar entretenido con algo, llamase trabajo, diversión,
estudio profesional, etc. Un hombre que busca casi con desesperación no enterarse de nada. Cosa imposible con tanto bombardeo informativo. Un ser que no sabe a que debe su existencia, ni siente haber nacido para algo. O “por” algo, o “para” alguien. Que puede no saber incluso, si su existencia se debe a un accidente o si fue querido, deseado y esperado, o simplemente nació por un encuentro fortuito, tan solo un producto del azar.

Un hombre que se ve a si mismo sumergido en una realidad llamada mundo, que lo percibe como demasiado grande donde el, en comparación no es nada, no existe. Alguien de quien el mundo puede prescindir totalmente. Un mundo tan complejo que, aunque haga lo que haga, no lo tiene en cuenta, y desea con todas sus ganas -aunque sea con un segundo de fama- sentirse alguien. Y si mira más allá de éste mundo, ya se pierde totalmente contemplando de lejos a ese minúsculo planeta llamado tierra en un rinconcito de una perdida galaxia entre miles y miles.

Un hombre que a olvidado, por una cultura manipuladora llena de fundamentos insustanciales y ocultamientos, -como si lo ocultado dejara de existir- los más altos ideales humanos, precisamente aquellos que lo distinguen del simple animal.  Una cultura materialista y atea que con una vehemencia y desprecio cuasi diabólico han llevado a la humanidad al desprecio de su origen divino.  Que,  a fuerza de fomentar prejuicios ha perdido el gusto por las cosas del espíritu, de saborear su relación filial con su Creador.  Que a dejado de ver a Dios. Y a Dios como Padre. A dejado de gustar de su intimidad. Un hombre que niega esta idea brillante, esta idea original que lo enaltece hasta el infinito. Que lo haría sentirse enormemente feliz de trabajar en su obra maravillosa, (de Dios) y enamorado de su trabajo, aunque solo sea barriendo el escenario.

ACORDAR

Según entiendo y observo;

Acordar es una de las actitud más maravillosas en las relaciones personales porque no deja en teoría a nadie insatisfecho. El acuerdo es la unión
de opuestos, de complementarios, solo el egoísmo atenta contra esta hermosa posibilidad.

Acordar no es renunciar a tener convicciones firmes y defenderlas, no es navegar en un mundo de idea difusas, poco consistentes, donde da todo casi lo mismo, donde nadie tiene razón y donde cada uno la tiene pero no puede decirlo sin que lo miren mal,

Acordar es esencialmente un tema de forma, de “formas” de comportarse ante el otro, es comprender que los demás no tienen porque entender las cosas igual como las entendemos nosotros, por eso es absurdo y dañino plantear la “tolerancia” en temas de fondo, es decir atacando la defensa de la verdad.

NECESIDADES

El primer problema del mundo podría ser éste: que lo que el mundo necesita, no es precisamente lo que busca. Y así no encuentra nunca la solución.
Y el segundo problema, que cada individuo -mundo en miniatura- no identifica su mundo con el mundo de todos. (Signo claro cuando hablando de los males del mundo, uno no se ve incluido en el).

Aparentemente, lo que un alcohólico, drogadicto, fumador o perezoso necesita es beber, drogarse, fumar o descansar, sin embargo cae de maduro que lo que realmente necesita es dejar de hacer aquello que lo tiene sujeto y que no le permite ser libre. Sentir una necesidad no necesariamente indica que lo que se desea sea lo que realmente necesite. A veces puede ser todo lo contrario.
Nuestras vidas se conforman en base a creencias. Las creencias, en base a ideas, teorías, opiniones, experiencias ajenas y propias, que forman nuestro caudal cultural. Las ideas que elaboramos las hacemos en base a nuestras propias reflexiones. Las reflexiones, -generadoras de opinón- necesitan fundamentos ciertos. Los fundamentos ciertos se dan con el estudio serio, y sobre todo sincero. Sin esto último se cae todo la anterior.
Si no te motiva leer, reflexionar y discernir sobre temas existenciales, sobre la trascendencia de la vida. De tu vida. (temas que hoy en día no suelen motivar por estar fuera de moda y actualidad). Si no te motiva estudiar –-analizar, comparar, relacionar- la “verdades” y “mentiras” que se fueron entretejiendo en la trasmisión de la cultura. Si no te motiva, porque no “sentís” nada, ningún interés, significa que estás como muerto en vida, (solo los muertos no sienten, aunque en lo espiritual siempre se puede “resucitar”).

Me dirás: Pero…si no me atrae?…si no me gusta? ¿Porque me tiene que gustar? ¿Porque me tiene que interesar? Porque no tiene porque, a todos gustarnos las mismas cosas…
Te diría, que esos cuestionamientos que contienen una posición tomada, carecen de validez, sencillamente porque no pasa por los gustos, aunque admito que influyen notablemente, te digo porque:

Según entiendo y observo:

Los gustos personales hay que dejarlos para todas aquellas elecciones “pasajeras” o “temporales” en las que no entra en juego nuestra profunda y feliz existencia, como son las variadísimas y abundantes elecciones que a diario hacemos de las cosas: puede ser el tipo de corte de cabello, un tatuaje determinado, o ningún tatuaje, el gusto por un tipo de mujer o de varón para formar pareja, el gusto por el estudio determinado de una materia o profesión, o un trabajo del que nos gustaría vivir, o el lugar y forma de tomarnos vacaciones, si tal película o género musical, tal o cual estilo de pintura, o decoración, etc. etc. Pero llevar los gustos personales también al terreno de lo esencial me parece un despropósito que ralla en locura, cosa que abunda en la cultura de lo suelto, como llamo yo a esta cultura, una cultura donde nada esta sujeto a nada porque todo tiene que ser libre y de acuerdo a los gustos personales de cada uno.

Síntesis:

En aquellas cosas en las que está en juego -y comprometemos- nuestra vida entera, y la de los demás, no se puede tomar en serio el argumento de que el gusto personal es lo que a de primar en todo, porque éste queda enormemente corto y no sirve ni de escusa para justificar lo injustificable.
Y la relación del mundo con nuestro propio mundo personal y la búsqueda de falsas necesidades de los dos es evidente, porque aunque no nos creamos influyentes y nos creamos insignificantes en el inmenso océano de los anónimos, la realidad es que con nuestras particularidades, conformamos esta humanidad con la que a veces no nos queremos identificar.