Archivo por meses: enero 2013

EL CAMINO DEL DIALOGO

Dice un viejo dicho, que el hombre tarda dos años en aprender a hablar y sesenta en aprender a callar. Le agregaría otro elemento, tarda toda la vida en aprender a pensar.

En un momento me pareció interesante empezar a escribir sobre mis propios pensamientos; hoy, después de unos cuantos años de experiencia, te puedo decir que l…o considero indispensable, y lo fomento.
Escribir nos obliga a pensar. Sin escribir nuestra mente se dispersa con enorme facilidad.
Todos sabemos que obligarnos a algo siempre cuesta, pero, así como no hay cosecha sin siembra, tampoco hay felicidad de cosecha cuando no se ha sembrado. Tampoco es que sea tan costoso siempre, el habito suaviza todo.

Cuando comenzamos a escribir sobre lo que pensamos, empezamos a conocer nuestro propio paisaje interior. Nuestras lagunas y desiertos, las tierras fértiles y las no tan fértiles y las tierras resecas, esas que quizás nunca nos atrevimos a regar. Vamos encontrando grandes desniveles en el terreno, no solo entre llanuras y montañas que son una maravilla, sino entre pozos y montículos, que por alguna causa no los nivelamos. Descubrimos con sorpresa que aquellos habitantes a los que calificábamos de siniestros y oscuros no lo eran tanto, porque descubrimos que los envolvía los espesos bosques de nuestros prejuicios y aquellos otros que parecían brillar con luz propia, solo lo eran por el talento de los ilusionistas.
Cuando nos exploramos, nosotros mismos nos vamos convirtiendo en una aventura fascinante, que ya no podemos dejar, y empezamos a ser felices con lo que antes nos molestaba, ser objetados. Porque las consideramos una de las maneras más efectivas que nos ayudan a crecer. Y así, a partir del conocimiento de nuestra propia geografía, nos sentimos felices de conocer y comprender mejor a los demás. 

EL CAMINO DEL DIALOGO II

Nuestros pensamientos son el mayor capital que tenemos. En el cerebro se encuentra nuestro generador esencial.
Todos sabemos que cuando un corazón comienza a trabajar en forma insuficiente requiere de tratamiento y debe ser tratado con urgencia, con más urgencia según el nivel de insuficiencia cardíaca que esté padeciendo. En casos sumamente delicados, la internación en terapia intensiva es inevitable.
Me resulta asombroso que no lo tengamos tan claro en lo concerniente al cerebro, pareciera que nadie sufre de insuficiencia cerebral, quizás porque no se lo llama así y no es de la misma naturaleza.
Entre el corazón y el cerebro hay diferencias notables, pero lo más notable y me parece poco observado – quizás porque no es asunto médico- que la insuficiencia cardíaca es producido por un corazón que ha trabajado más de lo debido y la insuficiencia cerebral todo lo contrario, cuando no se lo hace trabajar.

No es ningún trabajo para el cerebro pensar casi exclusivamente en las cosas cotidianas: en las noticias de todos los días, en lo que dijo tal o cual personaje, en criticar a unos o defender a otros, en generar pensamientos sin elaboración propia, sin otro interés que decir más o menos lo que otros dicen. No es darle trabajo al cerebro pensar casi exclusivamente en lo que tenemos que hacer, en como o cuando hacerlas, pensar por ejemplo, que tenemos que pedir turno al médico o al dentista, o pensar cuando voy a ir a la peluquería, o que hice ayer o que voy a hacer mañana; o sea, en un sentido descansado, casi placentero. Solo usando el cerebro en estos términos, entramos en un camino que puede ser sin retorno, porque cada vez se hace más difícil volver, cada vez nuestro cerebro se hace más perezoso y se acomoda más a lo que busca, y se conforma con la comodidad que le brinda el placer de lo buscado. Visto a futuro es alarmante, produce una gran insuficiencia cerebral, aunque el que lo padece no suele darse cuenta, ni tampoco mucho el entorno.
Hay muchos intelectuales y profesionales que creen – es probable que se molesten si me están leyendo- que no sufren de insuficiencia porque son asiduos lectores y mantienen la cabeza ocupada en el saber, en analizar para resolver problemas, de trabajo, o de café, pero no llegan a comprender que la insuficiencia va por otro lado, el cerebro parece ser más complejo que el corazón.

Conocer las causas primeras, que es esencial en la vida, es ser dueños del patrimonio de la humanidad. Nadie se hace solo. A veces podemos creer que sabremos mucho cuando en realidad sabemos poco, esencialmente porque construimos nuestros pensamientos partiendo de supuestos humanos, de personas falibles que nos precedieron, dándole a sus interpretaciones carácter de fundamental, cuando también partieron de supuestos humanos falibles, porque lo dijo antes tal o cual iluminado.
Nuestro cerebro es nuestro generador, si a él lo descuidamos, estamos bajando nuestro propio nivel potencial, por lo tanto, necesitaremos recurrir a fuentes de luz artificial para compensar la falta de fuerza propia. Y es inútil pensar que podemos llegar a algo como sociedad si individualmente no funcionamos como deberíamos.

El ejercicio de escribir sobre nuestros propios pensamientos no hay que dejarlo reducido a lo que en un principio es: un monólogo; donde nosotros lo hacemos, nosotros lo compramos e incluso nos enamoramos.
Lo importante, es ponerlo a disposición de la criíta, propia en primer lugar y ajena después. Cosa necesaria para estimular a nuestro generador para que funcione al nivel requerido.
No basta escribir y punto. Lo importante es volver sobre lo escrito para reconsiderarlo, y ajustar, tachar y enmendar. Todas las veces que sea necesario. Cuando estemos conformes con nuestro pensamiento, guardarlo. Pero seguir observando… investigando. Seguramente con el tiempo al volver sobre él, encontraremos nuevos horizontes para seguir mejorando. Y si no volvemos sobre él, seguramente lo estaremos desarrollando indirectamente.

Todo lo grande empieza siendo pequeño, de un paso por vez y lentamente, sin pretender dar el paso más largo del largo de nuestras piernas, pero tampoco quedarnos sentados ¿esperando que?

Esto no acaba aquí, recién comienza.

Guillermo Pena