COHERENCIA

La mayor dificultad que encuentro en mí hablando de ideales altos y nobles – de aquellos ideales que parecen de otros tiempos, porque hoy, por su poca presencia no parece ser época de heroísmos- es mí falta de coherencia. No es que no tenga, es que me falta. Pero me tranquiza pensar que es un mal de muchos aunque sea consuelo de tonto. Porque hablar es cosa muy fácil… cuando hablar con coherencia ya no lo es tanto, y hablar con coherencia manteniendo actitudes coherentes con el pensamiento, creo que es la cosa mas difícil del mundo.
Recuerdo una frase, una de las tantas que me quedaron grabadas de mí padre, que dice así: “Armémonos de fuerza y vayan” refiriéndose a los que hablaban demasiado en éste sentido.

Esta frase se me clava en el alma cada vez que hablo de lo que hay que hacer y después me borro. Pero, ¿que hacer entonces? ¿dejar de hablar?… seria lo más fácil, tan fácil como hablar incoherentemente. Pero como estas son las dos cosas más utilizadas por los chantas, y yo no quiero serlo sigo hablando y renovando las esperanzas para remontar el vuelo después de cada caída. Caída que se percibe solo cuando se tiene la capacidad de percibirla, porque el mal de las omisotes se potencia al no ser detectado, porque avanza.