DESAHOGO

A veces las experiencias negativas pueden asfixiarnos, si esto se da con frecuencia se nos puede ir pegando en el fondo del alma una resaca amarga.
Escribir es para mí un gran deshogo, y antídoto para la amargura, porque lo que no puedo decir a la cara -como tampoco lo digo por atrás, por convicción- porque se ofenden lo escribo y listo. Evacuada la impotencia.